jueves, 21 de junio de 2018

Diario de otro mundo (I): la locura de la creación

    ¡Hola a todos!
    Esta entrada es más para desahogo que para otra cosa. 'Diario de otro mundo' es para ir contando por aquí cómo está yendo el proceso de creación de Nayrún, y cómo está yendo el proceso creativo de todo en general (del mundo y de este blog).

    Para empezar, Nayrún lleva en mente de Dan y mía desde hace ya 3 años. Pero fue hace un mes cuando decidimos crear el mundo en serio, escrito en papel. La principal motivación fue porque empezamos a darnos cuenta de que se nos estaban olvidando escenas y personajes clave que nos habían hecho disfrutar mucho cuando interpretábamos las escenas haciendo rol





    Y eso no podíamos permitirlo. Por una parte, eso también me ayudó a decidir retomar las redes sociales y los blogs, los cuales no tocaba... desde hace tres años y pico (creo). Y ya, pues dijimos: Retoma las cosas, vuelve a enfrancarte en el mundo, y pongámonos a crear Nayrún.

    Dan vio un problema: a él le encanta crear mundos como si de un manual de D&D se tratase, lo cual es la parte que, personalmente, más detesto. El tema de escribir le costaba mucho, y le daba cosa legar ese cargo a mí. Mi reacción no se hizo de esperar.


    Me encanta cuando sin querer me sale todo bien.

    Y aquí estamos. Creando el mundo. Por ahora, tenemos el mapa prácticamente listo, y aún estamos debatiendo sobre el tema de la brujería y la magia.

     He de también reflejar una cosa: En el fondo, me da miedo que Nayrún salga al público. Básicamente, porque trato temas muy delicados que se puede malinterpretar con facilidad, porque afecta a minorías oprimidas. Por ello, espero que cuando lo acabe, pueda encontrar a gente que se anime a leerlo para ver si he podido transmitir el mensaje como se debe, o he metido la pata.

    Poco a poco.

    Este sábado continuaré con 'Calaveras y tormentas'. ¡Nos vemos!




domingo, 17 de junio de 2018

Los libros de Dyana: #1 Calaveras y tormentas (I)

Los libros de Dyana es una sección de relatos que lee Dyana, un personaje que aparecerá en #ProyectoNayrun, la saga que estamos preparando Dan y Vic. La ambientación de las historias es en el mundo de Nayrún, un lugar donde la diferencia entre magia y brujería es clara, y donde el gobierno tiene una jerarquía medieval.

Capítulo I

    El vaivén del carro la mareaba cada vez más, y en parte lo agradecía. No quería ser consciente de todo lo que estaba sucediendo alrededor.
    Los momentos después de la disputa con su padre fueron algo frenéticos. Ellierne, conforme salió del despacho de su padre, se fue corriendo a su habitación. Empezó a hacer las maletas de forma apresurada, y planeó una estrategia para salir sin que nadie la viera por la noche, pero al parecer hizo demasiado ruido, o quizás su cara declaró todas sus intenciones a su progenitor, porque cuando iba a saltar por la ventana, se fijó que había tres guardias esperándola, mirando hacia ella, con gesto imperturbable. Uno de ellos dio el aviso de que, efectivamente, la lady iba a escaparse.
    Todo sucedió muy rápido desde entonces. Los guardias que solían quedarse en la puerta de ella entraron sin llamar, cogieron sus maletas, y la invitaron a acompañarles para que fuera a ver al lord.
    Su padre, con un gesto que detonaba decepción, le dejó claro que mañana al alba se iría directa a su nuevo hogar, y que su acto, egoísta e inconsciente, era merecedor de un castigo severo y ejemplar.
    La voz de su padre resonaba en su cabeza:
    –Por cosas como éstas mereces que te azoten en público.
    Apretó la mandíbula, enfadada. ¿Por qué narices tenía que casarse ella? Las hijas de los otros lores querían casarse con apuestos caballeros o nobles de alta alcurnia, o al menos alguien que pudiera cuidarlas y mantenerlas como habían hecho sus padres con anterioridad. Sin embargo, ella sólo soñaba con descubrir mundo y vivir aventuras, tal y como escuchó tiempo atrás de la boca de Duane, el caballero errante que a veces iba a ver a su padre por recordar viejos tiempos.
    Bajó la mira hacia sus manos, conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir. Era mejor que asumiera que todos los pajaritos que tenía en la cabeza morían a cada avance del transporte. Lo que debía hacer ahora es asumir que, aunque había otras nobles como ella que no tenían la obligación de casarse tan pronto, tenía un padre que estaba arraigado a las antiguas costumbres, y el ganar más estatus gracias al enlace con lord Batwyn era más importante que la felicidad de su hija.
    Entrecerró los ojos cuando notó que el ambiente se enrarecía. Volvió a mirar al exterior, y se percató de que se dirigían a una zona donde había unas nubes negras como nunca antes las había visto. Se mordió el labio inferior, y echó la vista atrás, fijándose de que, tras ella, había un paisaje muy vivo, con el sol dando fuerte a los árboles, que se movían ligeramente por el viento.
    Las sensaciones que le producía esa imagen golpeaban su corazón como un martillo. Por un lado, sentía impaciencia por saber qué iba a ser de ella en ese castillo, o si su futuro marido sería igual de tradicional que su padre. ¿Tendría menos libertades en su nuevo hogar? ¿La dejarán leer y soñar, o simplemente será otra mujer más prisionera de su sino?
    –Estamos llegando, mi señora –dijo uno de los hombres que la acompañaban. Eran hombres de Batwyn que habían ido a sus tierras a recogerla–. El lord nos ha pedido que no miréis al pueblo ni hagáis ningún gesto fuera del carro. El pueblo está algo conmocionado por los últimos acontecimientos.
    –Os agradezco la advertencia, me quedaré aquí, sin molestar –el guardia asintió, sin captar el tono insolente de la muchacha. Acto seguido, cerró la tupida cortina que tenía la ventana.
    
    La primera impresión fue agridulce.
    Nada más llegar, la lluvia comenzó como si quisiera darle la bienvenida, lo cual hizo que Ellierne se mojara un poco. Por suerte, los hombres de aquel castillo estaban preparados para que eso sucediera, y cubrieron a la lady con una tela algo gruesa que impedía que las gotas la tocasen. Ella agradeció el gesto y avanzaron con premura por el pasillo hasta llegar al castillo de tonos azabache que estaba ante ella.
    El edificio era una obra que podía hacer temblar a un ejército. Un muro prácticamente infranqueable rodeaba aquel lugar al que pronto debía llamar hogar. El interior era frío y tenía cierta humedad, pero no parecía que fuera algo que le molestase a los hombres que estaban haciendo guardia allí. 
    Ellierne no pudo evitar percatarse de una cosa: el ambiente que rodeaba a todas las personas que había allí era lúgubre y siniestro. Nadie sonreía, nadie decía nada. Sólo asentían o hacían gesto de respeto y reverencias. Sus emociones se estaban fundiendo con las de aquellas gentes por momentos.
    Llegó a la sala del trono, donde ahí estaba él: lord Batwyn.
    Recordó cuando lo vio por primera vez: Su hijo aún era un lactante, y él parecía muy seguro de sí mismo. Sus facciones eran más duras que antaño, probablemente causado por la presión del poder. Ella sabía que él realmente no era el verdadero heredero de la casa, ya que era el segundo varón de su familia. Sin embargo, años atrás su hermano mayor murió a causa de una enfermedad, por lo que tuvo que adoptar el papel de lord una vez falleció su padre.
    Las ropas que vestían le resultaban a ella siniestras. Lucía un traje oscuro, de telas gruesas y de gran calidad. Los tonos de su traje combinaban con los de la sala, dándole un aire lóbrego a toda la situación.
    Él se levantó, y dio un par de pasos hacia ella. Ambos se sostuvieron la mirada, analizándose. Ellierne no ocultaba su descontento por la inminente boda, pero no tenía la misma actitud pendenciera que antes de entrar a la estancia. Debía recordar que estaba ante un hombre que había perdido a su familia, y que probablemente esta situación le agradaba tan poco como a ella. 
    Por otro lado, el hombre no mostraba la más mínima emoción. Ella recordaba que era una persona seria, pero no era esa seriedad siniestra o pedante que tenían otros. 
    Fue en esa mirada donde Ellierne pensó, por primera vez, que quizás él tampoco quisiera casarse. Quizás él le daría más libertad a causa de que no tenían en común ni la edad. Ciertas esperanzas afloraron de nuevo en su corazón, pero las contuvo. Era mejor no volver a soñar demasiado.
    –Mi señora, es un honor que estéis en la que va a ser vuestra futura casa –su voz era tan serena que tranquilizó las facciones de la joven.
    –Me encantaría deciros que es un placer estar aquí, mas me esperaba que vendría dentro de, al menos, cuatro años –tragó saliva al ver que entrecerraba los ojos, escrutándola. No debía tener la lengua tan afilada por el momento. Carraspeó–. Siento muchísimo lo que le ha pasado a su familia.
    Él apretó la mandíbula, y asintió, aceptando las condolencias de su prometida.
    –Tenéis vuestros aposentos preparados. En dos días será la boda, así que tenéis tiempo de aclimataros.
    Ellierne abrió la boca. ¿Dos días? ¡Eso era poco tiempo! Normalmente se tardaba unos meses en que se celebrara para que les diera tiempo a los invitados más lejanos a prepararse e ir al lugar donde se celebra el enlace. 
    –¿Cómo es eso posible? Es... ¡Es poquísimo tiempo, lord Batwyn!
    El lord alzó la mano, callándola con aquel gesto. Sus ojos parecían tener un muro infranqueable que te impedía saber si estaba enfadado, molesto, dolido, o indiferente.
    –No sé qué os habrá comunicado vuestro padre, pero las cosas son así. Me ha dado un adelanto económico a cambio de que seáis Lady junto a mí en un plazo de cinco días. Habéis tardado tres en venir aquí, así que no nos queda más remedio que obedecer.
    La joven quería replicar, quería gritarle y decirle que si ninguno quería casarse, que podían no hacerlo. Quería dejar ver que había mil opciones, pero no sabía cómo se lo iba a tomar él, ni tampoco tenía las fuerzas suficientes para empezar una disputa. El viaje fue agotador física y emocionalmente para ella.
    –Podéis llamarme lord Travis en vez de lord Batwyn. A partir de ahora es mejor tener confianza entre nosotros. El vestido lo confeccionarán unas mujeres que viven en el lado oeste del castillo. Podrás supervisarlo.
    –Mi señor, si se me permite el atrevi...
    –No se os permite si tiene relación con la cancelación o postergación del enlace –cortó él, como si la viera venir–. Contraeremos matrimonio y cumpliremos nuestro deber, mi señora. Vuestro padre me advirtió de vos y de que érais demasiado... soñadora. Aquí podréis sentiros libre, siempre y cuando estéis en el castillo. No os preocupéis, sé que seréis capaz de aprender a apreciar el castillo y de cumplir con vuestro deber.
    El señor de aquellas tierras tomó la mano de ella y la besó. Por su parte, Ellierne tenía los ojos abiertos, como platos. Siempre intentó ser una mujer ejemplar, que todos pensasen que ella quería ser libertad, y a la vez, ser una buena esposa. Pero si su padre advirtió a su prometido de su carácter, es que quizás era peor mentirosa de lo que se imaginaba. 
    Una vez se marchó lord Batwyn, uno de los sirvientes se acercó a ella, esforzándose por sonreír. 
    –Mi señora, si me lo permitís, os llevaré a sus aposentos.
    –Haced lo que debáis hacer –susurró ella, más para sí misma que para el sirviente.
    El corazón le iba a mil por hora. Debía pensar un plan elaborado para poder ser libre, o al menos, tener el control de lo que la rodeaba. Había muchas cosas que aún no conocía, ni cuáles eran los verdaderos límites de su futuro marido, pero una cosa tenía clara: A pesar de que se decía a sí misma que todos tenían razón, que nunca lo conseguiría, una parte tan pequeña como fuerte de su ser le gritaba un mensaje conciso y claro.
    No te rindas.

miércoles, 13 de junio de 2018

Los libros de Dyana: #1 - Calaveras y tormentas

Los libros de Dyana es una sección de relatos que lee Dyana, un personaje que aparecerá en #ProyectoNayrun, la saga que estamos preparando Dan y Vic. La ambientación de las historias es en el mundo de Nayrún, un lugar donde la diferencia entre magia y brujería es clara, y donde el gobierno tiene una jerarquía medieval.

    Dyana paseaba por la biblioteca una vez más. Le aliviaba saber que en su casa podía coger el libro que quisiese y poder estar tranquila con él. ¿Qué sería de ella sin sus maravillosos libros, sin las historias que tenía que contar? Probablemente, estaría triste a todas horas, o medio hueca. O a saber.
     Posó sus ojos en un libro en concreto.
     –Calaveras y tormentas –murmuró, interesada. Recordaba perfectamente que llegó ese libro hace dos días. Al parecer, en algunos lugares de la zona de Nothawin estaba prohibido porque el personaje femenino era, digamos, demasiado pretenciosa.
     Menos mal que su padre no sabía leer, y que realmente quien custodiaba esos libros era ella. Si su padre supiera que su querida hija ha permitido que entren libros de dudoso prestigio en el castillo, como poco, la mandaría a azotar.
     Se encogió de hombros, resuelta. Ni siquiera esperó a buscar un lugar cómodo para ponerse a leer. En cuanto el libro estuvo en sus manos, lo abrió, y lo comenzó a devorar.



Prólogo

    A cada paso que daba por el pasillo del castillo, más escuchaba los latidos de su propio corazón.
    Le había dejado bastante claro a su padre que no iba a aceptar un matrimonio de conveniencia hasta que no fueran tiempos de guerra. Estaba cansada de oír de otras doncellas lo mal que olían sus maridos, de lo viejos que eran, o de las constantes ofensas que recibían por parte de sus esposos, que se pavoneaban sin ningún pudor mostrando sus jóvenes y bellas mujeres.
    No. Ellierne de Volkram no quería ser una noble más. Tenía sus planes: en su vigésimo cumpleaños, tendría ahorrado el suficiente dinero vendiendo los objetos que le regalaban por sus celebraciones pasadas, y entonces huiría rauda con Shamy, su yegua .
    Sería libre.
    Estaba cansada de cómo iban las cosas en el mundo. La pasividad de las personas que conocía, ya sea porque su estatus social le permitía vivir bien, o que las cosas malas como los derechos y libertades les parecían "cosas sacrificables por una montaña de oro", la ponía de los nervios.
    Lo peor para ella es que no podía hablar. Siempre sonreía y asentía ante frases como "cuando me case voy a tener muchos hijos preciosos y voy a peinarlos a todos", o "lo mejor de ser mujer es no tener que hacer nada y poder controlar todo lo que hay". Eran frases que, para empezar, sabía que eran mentiras que se habían creído porque era mejor que pensaran que, si se casaban, iban a ser felices, que saber la realidad.
    La realidad era muy sencilla: cállate, que no haces nada. Ábrete de piernas, que sólo haces eso. Cállate de nuevo, que cada vez que hablas me duele la cabeza.
    Era cierto que no todos eran así. Algunos nobles trataban muy bien a sus mujeres, pero ella no quería a un noble que la cuidara como al jarrón más preciado de la sala. Ella, de hecho, no quería ni siquiera un enlace. Su única obsesión era aprender a ser independiente, y volar. Volar muy lejos
    Su padre estaba ya convencido de que Ellierne no iba a desposarse hasta los veinte años, y se iba a casar con el hijo de Lord Batwyn, que tendría en ese momento ocho años.
     Aún quedaban cuatro veranos para que ella tuviera que contraer matrimonio. Cuatro gloriosos años que le iban a conceder tiempo para entrenarse físicamente a escondidas y valerse por sí misma. Sea lo que sea que hubiera pasado, tenía que disuadir a su padre.
     Los guardias que había en la puerta del despacho de Lord Volkram se inclinaron al verla. Uno de ellos
     –Mi señora, su padre os espera –el de la izquierda le abrió la puerta.
     Ella pasó, algo temblorosa. Cierto era que en su mente parecía muy valiente, sobre todo a la hora de pensar planes de huida, pero realmente no era una rebelde.
     Lord Volkram miraba un pequeño pergamino con cara de preocupación. Alzó sólo la mirada para contemplar a Ellierne unos segundos.
     –Sentaos, querida.
     –No pienso casarme –se le escapó decir a ella.
    Su padre resopló. Por suerte para ella, no era uno de esos padres que desoían a sus hijas, o que la obligaban a hacer cosas que no quería. Pero había cosas que no toleraba, y era la insubordinación, aunque fuera un gesto muy pequeño, como su mera actitud.
     –Relajaos, hija. Las cosas han cambiado ahora.
     –¡Pero si he hecho todo lo que me habéis pedido! Sé ser una buena esposa, sé...
     –Las buenas esposas escuchan al Lord, tesoro –a pesar del apelativo cariñoso, su voz sonaba amenazadora, lo cual hizo que enmudeciera de inmediato–. Y quiero que me escuchéis bien: La familia de Lord Batwyn ha sido atacada.
     Ellierne abrió los ojos de par en par. Hacía ya varios años que no se oía ningún tipo de ataque hacia los nobles. El pueblo estaba bastante contento, y los caballeros eran tan fuertes que los bandidos no se acercaban. La noticia le cayó como un jarro de agua fría.
     –Lady Batwyn y sus hijos han muerto –prosiguió su padre, por su gesto, parecía que la noticia también le había afecta, y no era de extrañar. Esa familia había estado hace unos meses en el castillo, y se quedaron una semana entera–. Tendréis que casaros con él para que yo pueda proporcionarle la ayuda necesaria. Él está ahora mismo sólo –cambió el tono a otro más compasivo–. Sé que no queríais casaros tan pronto, pero no os queda más remedio. Es vuestro deber.
     –Pero...–titubeó– yo...
     Su padre se acercó a abrazarla, pero ella se echó para atrás. Cruzaron una mirada, y no hizo falta nada más.
     Era su deber.
     La joven salió del despacho, sin siquiera despedirse. Sólo escuchaba sus latidos y sus pasos, que la alejaban, poco a poco, de la ilusión de alzar el vuelo lejos de allí. 
   
   
~

   
     

lunes, 11 de junio de 2018

La última hoja cae

Siempre vamos a tener miedo, si no es por una cosa, es por otra. La clave no es evitarlo, ni buscar otras opciones. La clave está en ir avanzando a pesar del miedo. Es algo que sé que sabes, que tienes claro, pero te cuesta.
Pero no te preocupes, ya estoy aquí.


Esto es un paso que teníamos que dar algún día. Dan y yo no sabíamos cómo enfocar la situación, la cual comenzó hace ya casi... Dioses, tres años.

Todo empezó con el rol. Sí. Porque el rol es la clave de todo. Se unieron dos personas que se complementaban a la perfección: Un máster que tenía muchas ideas para probar ante personajes muy dispares, y una jugadora que le encantaba profundizar tanto en cada personaje que creaba hasta tal punto que era capaz de despertarse metida en el personaje (alma de actriz, o locura y obsesión, no sabría por cuál decantarme).

Poco a poco fuimos creando historias juntos en mundos que no eran nuestros, e íbamos metiendo ideas al estilo "esto no es de ningún manual, ni siquiera de este universo, pero vamos a hacer la excepción". Y de excepción a excepción... Creamos Nayrún.

Aquí, en el blog, iremos Dan y yo poniendo relatos basados en este mundo. Tenemos una saga entre manos que aún estamos escribiendo (con su mapeado  y su todo), pero el Proyecto Nayrún no empezará a ver la luz hasta, probablemente, el año que viene.

Pero hay tantas historias cortas que están relacionadas con este mundo que me encantaría compartir... Y eso voy a hacer. Eso vamos a hacer.

Podréis leer en este blog relatos ambientados en nuestro mundo. El género de las historias es de fantasía, aunque cada relato tendrá puesta una serie de etiquetas dependiendo de qué vais a leer (por ejemplo: un relato puede ser de intriga, otro de aventura, otro erótico... ya se entiende). 


Bienvenidos al blog. Bienvenidos a nuestra aventura.
Bienvenidos a Nayrún.

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